Extremadamente popular, gracias –es un decir- a la guerra que durante 20 años asoló el país, desde 1975 Vietnam ha venido viviendo discretamente en paz gobernado por un régimen comunista y sólo el emergente turismo español había comenzado a situar de nuevo en el mapa al país indochino, del que todo el mundo que lo conoce suele hablar bien. Poco o nada se suele publicar, sin embargo, de su pujante economía y menos aún de sus paradójicas causas.
Con 85 millones de habitantes pobladores de un fértil territorio de 330.000 km cuadrados extraordinariamente rico en recursos hídricos, Vietnam es un país relativamente moderno, pues antes de que Ho Chi Min lo consolidara e independizara de Francia y EE.UU. estuvo sometido a las más diversas "potencias extranjeras”, con China a la cabeza.
Las primeras y muy interesantes relaciones de Vietnam con occidente datan de 1615 cuando los jesuitas fundaron una misión en Hanoi. Gracias a esta incursión religiosa, el misionero Alexandre de Rhodes desarrolló el alfabeto vietnamita, conocido popularmente como "Quôc Ngu”, basado en el alfabeto latino. Liberado de los tan incomprensibles como difíciles de asimilar pictogramas chinos, el idioma vietnamita es legible para los occidentales y más fácilmente de aprender que los demás idiomas asiáticos.
La primera y más duradera impresión del Vietnam de hoy no son sus idílicos paisajes, sino la enorme cantidad de motocicletas que circulan por el país, especialmente en sus ciudades. Sólo por Ho Chi Min City, Saigón para entendernos, ciudad de 6 millones de habitantes, circulan a diario 4 millones de motos nuevas que llevan a gentes –hasta cinco personas por vehículo- aparentemente felices y contentas, así como los más diversos y aparatosos objetos.
Los teléfonos móviles alcanzan hoy a casi el 90% de la población, cuando hace apenas 10 años no llegaba ni al 1%. Desde 2005 el crecimiento anual ha venido superando ¡el 50%!.
¿De dónde han salido tantas motos y móviles? ¿De quiénes son? ¿No es Vietnam un país comunista? Efectivamente, Vietnam es todavía hoy un país comunista en el ámbito político, pero no en el económico.
Acabada la guerra en 1975, hasta 1986 continuó el racionamiento de la alimentación de la población. Por aquel tiempo la explotación de la tierra agrícola —cuya propiedad era y sigue siendo del Estado— era decidida por el Gobierno, que establecía qué había que producir y a qué precio —de miseria— lo compraba. En tales condiciones nadie quería trabajar, salvo para el autoconsumo, mientras que las importaciones anuales de arroz alcanzaban —para malcomer— el medio millón de toneladas métricas.
Salvadas las distancias —históricas, geográficas e ideológicas— con España, en diciembre de 1986, con motivo del sexto Congreso del Partido Comunista, surgieron renovadores, que, un poco al estilo de nuestro Plan de Estabilización de 1959, plantearon valientemente un cambio del quehacer económico —que recibió el nombre vietnamita de "Doi Moi”-, tan sencillo y lógico como luego exitoso. Sus defensores arguyeron que peor no se podía estar, por lo que merecía la pena correr el riesgo de probar con "el otro sistema”, el capitalista; incluso llegaron más lejos al popularizar un lema, al típico estilo comunista: "Doi Moi o muerte, cuyo arrojo evidenciaba la quema de las naves del pasado para navegar valientemente con otras hacia un horizonte entonces desconocido y hoy felizmente poblado de realidades muy positivas y amplias esperanzas de futuro.
El "Doi Moi” implicó básicamente cuatro cambios esenciales: la libre explotación de la tierra, la propiedad y la iniciativa privada, la apertura de la inversión extranjera y el estímulo del comercio exterior. En el primer caso, los agricultores podían producir y luego vender en el mercado al mejor postor lo que quisieran, con un pago muy pequeño de una renta fija al Estado en tanto propietario de las tierras. En el segundo, la empresa, muy pequeña y familiar que ya existía pero limitada a un máximo de cinco empleados, tomó personalidad jurídica y pudo crecer sin limitaciones de dimensión, aunque con algunas de actividad. Además, los vietnamitas son propietarios de sus casas, de sus motos y de todo lo que puedan adquirir. En las grandes ciudades es casi imposible encontrar un solo espacio en las plantas bajas de los edificios que no esté ocupado por un establecimiento comercial; tampoco en los situados en los bordes de las carreteras del interior del país.
Los resultados positivos del "cambio” no se hicieron esperar: en 1989, sólo tres años después, Vietnam pasó de importador a exportador de arroz, hasta convertirse hoy en el segundo exportador mundial tras Tailandia, además de segundo exportador mundial de café —¡que antes de 1986 apenas producía!— después de Brasil y por delante de Colombia. También es uno de los principales exportadores mundiales de caucho natural, calzado, muebles y textiles.
La proliferación y expansión de la actividad empresarial privada han conducido a la economía vietnamita, además, por una insólita senda de crecimiento —que desafía al chino y que este año de crisis mundial superará el 5%— en un marco económico verdaderamente prodigioso: según la Cámara Europea de Comercio, que agrupa a las empresas europeas instalada allí, sólo el 10% del empleo es público —–la mitad que en España— y el gobierno apenas maneja un 35% del PIB, el resto es privado. ¿Qué países del mundo están tan ligeros de equipaje público y prosperan a la velocidad vietnamita?
Según un reciente –septiembre 2009- estudio de James Riedel, profesor de "The Johns Hopkins University”, desde mediados los años noventa, Vietnam se ha situado como líder en crecimiento económico de Asia, quizás solo secundado por China. Desde 1996 a 2007 el crecimiento anual medio vietnamita fue del 7,4%, y en el reciente periodo 2003-2007 alcanzó el 8,2%. Basta visitar, incluso por poco tiempo, el Vietnam de hoy para saber a ciencia cierta que el gran país indochino está viviendo el comienzo de una edad de oro económica, que, de no torcerse las cosas, durará largo tiempo y —salvadas las distancias— podrá emular el éxito coreano; del Sur, se entiende.
Según otro reciente informe de Pricewatherhouse (PwC), "Which are the largest city economies in the world and how might this change by 2025”, Hanói y Saigón serán las ciudades que más se desarrollarán en el mundo en el periodo 2008-2025 —seguidas por las chinas Changchun y Guangzhou—, con una tasa real anual del 7% que acumulará un crecimiento del 200% en el periodo considerado.
El índice de Gini —usado para medir la distribución de la renta— en 2007 fue de 36,1, cifra que sitúa a Vietnam en ratios semejantes a Europa y Canadá.
Con una población que en su 50% es menor de 25 años, un marco institucional entre napoleónico y anglosajón, que al decir de la Cámara Europea de Comercio de Hanói tiene un aceptable cumplimiento, un gobierno estable, un muy bajo coste de la vida y la propiedad privada —cuya mejor expresión son las motos, los coches, las casas y las empresas— reinando por doquier, es fácil adivinar un excelente futuro a Vietnam.
Su población se muestra más abierta a Occidente que en el resto de Asia, mientras que la guerra y los enemigos históricos no forman parte de la memoria de una sociedad que sólo ansía trabajar duro y prosperar, mientras mira con personalidad propia y optimismo al futuro. Sus exportaciones se dirigen principalmente a EE.UU., UE y Canadá, mientras que sus importaciones proceden de China, Singapur y Taiwan.
Allí se trabajan 48 horas a la semana distribuidas en seis jornadas de 7 a 8 horas de la mañana a 4 ó 5 de la tarde, con una hora para comer. El día libre es rotativo, pues no hay domingos en las fábricas, sí en las oficinas. 12 días de vacaciones al año más uno adicional por cada quinquenio de trabajo. Jubilación a los 60 años para hombres y 50 para mujeres. 15% del salario para la seguridad social a cargo de la empresa más un 5% del trabajador. Asistencia médica pública con el 2% del salario a pagar por la empresa más el 1% por el empleado. Salario mínimo de 75 dólares al mes. 10% de impuesto de la renta. Horas extras remuneradas un 50% sobre el salario y en fiesta el 100%. Los sueldos actuales en Saigón, según una consultora japonesa, oscilan entre 198 y 242 dólares al mes.
Cosechados los primeros y abundantes frutos de la reforma, los desafíos más inmediatos de Vietnam son las infraestructuras, la salud, la educación y la reforma de las instituciones legales y financieras. Hacen falta, aeropuertos, puertos, carreteras, autopistas, puentes, acueductos, transporte urbano, metro, electricidad, tratamiento del agua, hospitales, etc. También elevar el nivel educativo de la población, aceptable a nivel general pero muy insuficiente en cantidad y calidad a escala profesional y universitaria: la enseñanza primaria y secundaria está muy extendida, pero la dedicación –apenas tres horas por día- es muy baja, mientras que la universidad deja mucho que desear en calidad y cantidad de egresados. Por último, y no menos importante, es necesario seguir reformando las instituciones que posibilitan una mayor y segura –en términos jurídicos- presencia de empresas extranjeras en Vietnam.
El gobierno vietnamita no sólo reconoce tales insuficiencias; está trabajando en pos de resolverlas, para lo que necesitará ayuda e inversión exterior.
Las relaciones comerciales de España con Vietnam, son muy escasas y deficitarias para nuestro país. Por ahora las exportaciones españolas a Vietnam apenas cubren un 11% de nuestras importaciones, con pigmentos para cerámica y productos siderúrgicos como partidas más significativas. De allí importamos –casi diez veces más- sobre todo calzado, café, muebles y confección.
España puede y debe interesarse por Vietnam, por dos razones principales: es un desafío para nuestra economía volcarse al exterior —como una manera obvia y necesaria para salir de la crisis—, especialmente hacia Asia; nuestra gran asignatura pendiente, y porque en Vietnam se dan todas las circunstancias para ello: demandas de infraestructuras e inversión que vienen como anillo al dedo de lo que mejor sabe hacer nuestro país, y empatía empresarial y política.
PD: Este artículo no lo hubiera podido escribir sin la inestimable colaboración de la Oficina Comercial de España en Saigón, los empresarios españoles que me acompañaron en una reciente misión a Hanoi y Saigón y mi intérprete vietnamita Ha Tat Thang.
NOTA ADICIONAL
Según el general Luis Alejandre SIntes, autor del libro: "La guerra de Cochinchina”, en 1857, con motivo de la decapitación del obispo español Díaz Sanjurjo, vicario de la misión del Tonkin central, se decidió una expedición de castigo en colaboración con los franceses; nosotros con espíritu de cruzada y ellos con la voluntad de conquistar un enclave colonial. Las tropas españolas, procedentes de Filipinas, desembarcaron en Touranne – Danang, el mismo sitio donde desembarcarían los "marines” de EE.UU. en 1964- en agosto de 1858 y regresaron a Manila, firmada la paz con Tu Duc, el emperador de Annam (Vietnam) en abril de 1863.
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